"Y yo me
iré
y se quedarán
los pájaros cantando"
JUAN RAMÓN
JIMÉNEZ
La
semana pasada una compañera me envió un mensaje para decirme que se
había encontrado por la calle a una antigua alumna nuestra que le
dijo que estudió Filología porque le gustaba mucho la forma en la
que yo le había dado clase.
Conozco
a muchos profesores y sé que las motivaciones para convertirse en
docente son muchas y muy variadas. En mi caso es bien fácil. Yo soy
profesor gracias a Luis Ríos, que durante cuatro años en sus clases
(y durante veinte fuera de ellas) me enseñó casi todas las cosas
importantes que uno no puede aprender por sí mismo; y no estoy
hablando, como se podría pensar equivocadamente de conocimientos
lingüísticos y literarios (aunque, por supuesto, también de éstos).
De todo su magisterio, de su persona extraordinaria y de sus
habilidades excepcionales hablaré seguramente en alguna novela que
tengo pendiente de escribir (y que seguro que muchos de sus alumnos
hemos pensado en hacer).
Luis
se hizo profesor por las emociones que le transmitió, entre otros,
su maestro Miguel Delibes, así que de alguna manera me siento muy
vinculado al escritor vallisoletano que unió como pocos su brillante
trayectoria literaria con una vida ejemplar. Probablemente Delibes
podría habernos dicho (quizá lo haya hecho en alguno de sus
escritos) quién influyó en él decisivamente y así crear una
cadena que llegaría, pienso yo, a la cuna del conocimiento; pero esa
cadena, que seguro existió, está fuera del alcance de mis
capacidades, como tantas otras cosas.
No sé
si mi alumna sabe (es posible que sí, porque de vez en cuando lo
digo en alguna de mis clases) el parentesco intelectual que la une a
Luis Ríos o a Delibes; más difícil es que yo llegue a saber si
ella a su vez tendrá alguien que siga sus pasos, alguien que nunca
sabrá probablemente que yo existo o existí, ni falta que hace.
De
esta manera algo de nosotros va quedando, algo inmaterial, algo que
es más profundo e importante que una herencia física; un no sé
qué, que diría el padre Feijoo, que hoy me hace sonreír y
alegrarme de que algo, por poco que sea, habré hecho bien.