Creo que, de alguna
manera, una gran parte de la sociedad no ha entendido correctamente
el verdadero sentido del término "democracia". Me
parece imprescindible saber bien de qué estamos hablando antes
de ponernos a defenderla o a atacarla (o, más bien, a defender
sus virtudes y a atacar sus defectos).
Tras unas elecciones
celebradas hace poco escuché en la radio cómo un ya
exalcalde (pues no había sido reelegido en dichos comicios)
manifestaba ante los micrófonos: "los votantes se han
equivocado". Ole, ole y ole el espíritu democrático
de este político. Creo que es evidente que expresiones como
estas no se corresponden con lo que sería un buen
comportamiento democrático, pero debo reconocer que no son del
todo extraordinarias. Muchos ciudadanos bienintencionados pensarían
que los otros electores se "equivocan" cuando votan a un
partido ultraderechista, o a uno racista, o a uno xenófobo, o
a uno machista, o a uno abortista, etc. y, sin llegar a ponernos
radicales, muchos piensan que cuando alguien vota al PP o al PSOE o a
Podemos o a IU o a cualquier otro partido se está equivocando
o, aún peor, están siendo engañados porque no
saben lo que estos o aquellos hacen en realidad.
No siempre es fácil
presentar analogías con la política, pero creo que no
es dificil para nadie imaginar a cada partido político como un
postre que se nos ofrece en la carta de un restaurante. Podemos
elegir entre una tarta de chocolate, una tarta de queso, un flan, un
tiramisú, fruta y otros muchos postres. Tú puedes
elegir la que quieras y lo mismo pueden hacer los demás. La
gran diferencia es que en democracia dejamos el poder de elección
en manos de la mayoría, de manera que aunque nosotros hayamos
elegido la tarta de chocolate, si los demás prefieren la de
queso, pues la que te ponen es la de queso, y si no te gusta te
tienes que aguantar porque no vale decir en democracia "no me la
como" porque lo que elegimos todos nos toca a todos y los
políticos que han sido votados por la mayoría son los que nos
gobiernan a todos (los hayamos votado o no) y lo democrático
es "comérselos" porque así es el juego. Eso sí,
tienes derecho a intentar convencer a la gente de que la próxima
vez pidan tarta de chocolate, porque es mucho más rica, o
fruta, porque es mucho más sana, o tiramisú, porque es
nuevo en el menú, o cualquier otro postre, y también a
manifestarte cuantas veces quieras porque la tarta de queso que nos
han puesto está mala o no se corresponde con la foto del menú.
Ahora bien, no sabría
decir hasta qué punto es democrático manifestarte
contra algo que la mayoría ha elegido. Si el partido en el
poder hace lo que ha prometido que iba a hacer (algún caso
dicen que se ha dado en algún país alguna vez, aquí,
no), aunque haya a mucha gente a la que no le guste lo que hacen, lo
democrático sería convencer a la mayoría de que
elijan a otros que hagan otra cosa, pero no protestar por lo que
hacen quienes nos gobiernan. Es más, si en una comunidad de
tres millones de habitantes hubiera una manifestación de 1
millón contra el gobierno de esa autonomía, lo cual
sería un éxito para los manifestantes, seguirían
estando en minoría frente a los que no se han manifestado y
por eso hay que decidir quién nos gobierna en las urnas y
respetar eso nos guste o no, lo que la mayoría elige. Y si
eligen mierda, nuestro espíritu democrático está
en comer mierda hasta que la mayoría esté convencida
que hay otras opciones mejores.
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